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La enseñanza explícita suele ser malinterpretada e incluso despreciada. Sin embargo, no tiene nada que ver con la enseñanza tradicional. Se trata de una forma estructurada de enseñanza en la que la actividad del docente —si bien es esencial— intenta fomentar la participación activa del alumnado y una mejor comprensión del objetivo de aprendizaje. Numerosos estudios científicos han demostrado la eficacia de la enseñanza explícita en el aprendizaje de nuevos conceptos, en diversos públicos y con una amplia gama de contenidos. La enseñanza explícita tiene un lugar legítimo en el repertorio de prácticas docentes.

Texto redactado por Pascal Bressoux, profesor de Ciencias de la Educación en la Universidad de Grenoble Alpes, con aportaciones de Liliane Sprenger-Charolles, Marie Bocquillon y Marc Demeuse.

Traducido por Inazio Retegi Saizar.

 

Resumen

La enseñanza explícita es a menudo malinterpretada e incluso despreciada. Sin embargo, no es una enseñanza tradicional. Se trata de una enseñanza estructurada, en la que la actividad del profesor -imprescindible- pretende fomentar, mediante explicaciones claras, demostraciones y
prácticas guiadas, la participación activa de los alumnos y una mejor comprensión del objeto de aprendizaje. Numerosos estudios científicos han demostrado la eficacia de la enseñanza explícita en el aprendizaje de nuevos conceptos, con una gran variedad de públicos y sobre diversos
contenidos.

La enseñanza explícita también puede utilizarse para aprender estrategias para realizar tareas poco estructuradas (complejas), así como estrategias generales como aprender a planificar, dirigir y evaluar el propio trabajo, fomentando así la metacognición y la autorregulación.
En resumen, la enseñanza explícita tiene su lugar en el repertorio de modalidades de actuación de los profesores

Lo que hay que recordar

  • En la enseñanza explícita, el profesor desempeña un papel importante al estructurar la actividad, guiar a los alumnos, plantearles retos y preguntas, darles una retroalimentación adecuada y promover así el aprendizaje activo de los alumnos.

 

  • El profesor pretende explicitar el objetivo de aprendizaje y su proceso de apropiación, identificando las diferentes competencias implicadas. Los que no se dominan son objeto de una enseñanza específica.

 

  • En las tareas complejas (poco estructuradas), que no pueden desglosarse en una suma de habilidades claramente identificadas, el profesor proporciona explícitamente estrategias para ayudar a los alumnos a realizarlas.

 

  • La eficacia de la enseñanza explícita ha sido demostrada por un gran número de investigaciones científicas. En el caso del aprendizaje de un nuevo concepto, la enseñanza explícita suele beneficiar a todos los alumnos (incluidos los fuertes). Los alumnos débiles o desfavorecidos parecen beneficiarse especialmente de la enseñanza explícita.

 

  • Los beneficios de la enseñanza explícita son menos claros cuando los alumnos han alcanzado un buen nivel de dominio de la materia en la que ya son « expertos ».

 

  • No sólo los contenidos de las asignaturas pueden enseñarse explícitamente. También es importante enseñar a los alumnos de forma específica y explícita cómo aprender, cómo gestionar su propio aprendizaje, lo que puede fomentar su metacognición y autorregulación.

 

  • La enseñanza explícita aparece, pues, como un elemento que tiene su lugar en el repertorio de
    modalidades de acción de los profesores.

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